Nace en Libice, en Boemia, en el 953. Sus orígenes fueron de una noble familia, una de las más importantes y poderosas. Fue bautizado con el nombre de Vojotech, que en lengua checa significa
"fuerte en batalla" o también "espléndido de la nobleza".
Es enviado a Magdeburgo (Alemania) a estudiar a al escuela del Obispo Alberto, a partir de ésta experiencia elige su nuevo nombre, de hecho, al momento de su confirmación, decide llamarse a sí mismo Adalberto, en honor a su maestro. Después de terminar sus estudios, retorna a su país en el 981, y se pone el servicio de Titmaro, primer Obispo de Praga. Quien muere pocos meses después, por lo que Adalberto es convocado por el emperador Ottone II a Verona y es nombrado sucesor de Titmaro.
Regresa a Praga y entra en la ciudad a pie, desnudo con una actitud de extrema humildad. Pero debido a la hostilidad de los gobernantes, el roce constante de su gente todavía muy ligada a prácticas y ritos paganos y a la fuete lucha que conduce contra el comercio de los esclavos, es forzado a dejar Praga. Se refugió en el Monasterio de San Bonifacio y San Alessio en Roma, en la colina de Aventino, donde se aferra a las reglas de San Benedetto. Vive en la penitencia y en la oración por casi tres años, hasta que regresa a Praga luego de recibir una misión de su país. Una vez allí retorna a su ministerio episcopal en el año 992.
Cuando llega a su ciudad, en 992 se dedica a establecer principios morales a los habitantes del lugar, a fundar monasterios y a evangelizar. Completa sus viajes como misionario en Hungría donde favorece la difusión del cristianismo, tanto que la gente quiere que sea él quien bautize a San Stefano Rey de Hungría. Debido a nuevos y profundos contrastes con el gobernante, en el 995 el Obispo se ve forzado a huir de Praga por segunda vez, y se vuelve a refugiar en el Monasterio sobre el Aventino, dedicándose a la contemplación y a la oración.
Pero el Sínodo Romano, presionado por el Obispo de Magonza y del Emperador Ottone III, lo invitan taxativamente a retornar a Praga para tomar su lugar de Obispo. Cuando Adalberto está ya en camino de regreso, recibe la noticia que toda su familia ha sido asesinada por los adversarios politicos. Resultando imposible retornar, toma forma el proyecto de una misión evangelizadora en la tierra pagana de Prusia, acompañado por su hermano Gaudenzio, único familiar sobreviviente. Adalberto se prepara con entusiasmo para la misión.
Concluye la peregrinación de preparación espiritual en Francia, sobre la tumba de los grandes Santos del pasado y llega a Alemania durante la Corte del Emperador Ottone III en diciembre del año 996. Al comienzo de la primavera del año siguiente, sin escolta armada, solo en compañía de su hermano, Gaudenzio y de otro monje, se introduce en territorio pagano conociendo la hostilidad de la población indígena. El 17 de abril del 997 los tres misioneros son arrestados mientras predicaban el Evangelio en una villa. Después de un rápido proceso, fueron deportados y sentenciados a muerte en caso que regresen. Pocos días después, Adalberto y sus compañeros retoman el camino a través de otras villas para continuar con la misión, pero inesperadamente son atacados por un grupo de guerreros comandados por un sacerdote pagano. Adalberto es asesinado sobre una colina, donde es traspasado por numerosas lanzas y muerto bajo los ojos aterrorizados de sus compañeros. Los asesinos le cortaron la cabeza y la pusieron como advertencia en la punta de una lanza. Fue el 23 de abril del 997.
La historia cuenta que el cuerpo mutilado y torturado del Mártir permaneció por algunos días velado y protegido de las agresiones de las fieras, por un águila, hasta que fue rescatado a precio oro por el Duque polaco Boleslao “el Corajudo” y trasladado con todos los honores a la Iglesia de Gniezno, en Polonia. El traslado es todavía recordado por la Iglesia Polaca el 20 de Octubre y probablemente recuerda también la canonización de San Adalberto realizada en el 999, bajo el papado del Papa Silvestro II.
El ícono tradicional representa al Mártir con el cuerpo traspasado por siete lanzas, la cabeza cortada en la mano, mientras en lo alto vuela un águila. El culto del Obispo Mártir rápidamente se difundió en toda la Europa alemana y eslava. San Adalberto es uno de los pocos Santos de la liturgia latina celebrado todavía hoy en la Iglesia Ortodoxa Rusa. Sus restos reposan ahora en la Catedral de Praga desde el 1060 y desde entonces hasta hoy, todos los 23 de agosto, en toda Boemia se celebra el recuerdo del traslado desde Gniezno.
La forma en que el culto a San Adalberto llegó a Cormons desde Polonia, Bohemia y Hungría es un misterio. Cierto es que el Duomo está dedicado al "Sanctus et christinissimus Martyr
Christi Adalbertus" desde hace mucho tiempo y es confirmado por muchos documentos históricos
Cada devoto cormonense hoy recuerda la protección del Santo Patrón, orando y cantando el himno que la tradición le atribuye: